viernes, 4 de septiembre de 2015

DÍAS AAA


El pico Fraile nos espera,
en Riomolín una paisana también:
                        ...
-”¿váis a ver el oso?”
- “No por Dios, sólo patear”
- “anoche mi Manolín tuvo que espantar a uno.
Tenía a las ovejas y al perro aterrorizados.”
¡Miedo!

Caminamos en silencio y mirando para todos los lados.
Una culebra negra no nos cede el paso,
excrementos de bicho grande, distintos... frescos...
adrenalina y silencio.
¡Palpitaciones!

En la braña de Chauchina hay ganado en calma
                         que nos calma.
El camino al pico se cierra una vez más;
es nuestro tercer intento.
¡Desolación!.

- “¿y si vamos a capón por esa loma carbonizada?”
sin respuesta comenzamos a ascender
tiznándonos vestimentas y piel.
Nos sorprenden los brotes de vida.
¡Tiznados!

Tras la loma ya le divisamos,
al Fraile, al Arbás, a tantos....
ya es nuestro, por fin.
El viento nos obliga a volar.
¡Volamos!

Descenso escuchando el viento,
a veces susurra, otras brama.
El otoño llama con los nudillos
y con su paleta de colores ocres.
¡Saudade!

Paso sobre los mismos excrementos,
ahora los exploro con el bastón.
Riomolín está cerca
ya no siento amenaza.
¡Embeleso!

-”¡Rosa, Rosa, un oso!”
Acelero el paso. Me alejo.
- “Ven, haz una foto, allí, acércate”
Quiero verlo y registrarlo; y también huir.
¡Dilema!

Un osezno, no muy osezno ya,
en la copa de un árbol nos divisa y se asusta
y sube y se esconde entre el ramaje.
¿y mamá osa?
¡Vámonos!





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