El pico
Fraile nos espera,
en Riomolín
una paisana también:
...
...
-”¿váis a
ver el oso?”
- “No por
Dios, sólo patear”
- “anoche
mi Manolín tuvo que espantar a uno.
Tenía a las ovejas y al perro aterrorizados.”
Tenía a las ovejas y al perro aterrorizados.”
¡Miedo!
Caminamos en
silencio y mirando para todos los lados.
Una culebra
negra no nos cede el paso,
excrementos
de bicho grande, distintos... frescos...
adrenalina y
silencio.
¡Palpitaciones!
En la braña
de Chauchina hay ganado en calma
que nos calma.
El camino al
pico se cierra una vez más;
es nuestro
tercer intento.
¡Desolación!.
- “¿y si
vamos a capón por esa loma carbonizada?”
sin
respuesta comenzamos a ascender
tiznándonos
vestimentas y piel.
Nos
sorprenden los brotes de vida.
¡Tiznados!
Tras la loma
ya le divisamos,
al Fraile,
al Arbás, a tantos....
ya es
nuestro, por fin.
El viento
nos obliga a volar.
¡Volamos!
Descenso
escuchando el viento,
a veces
susurra, otras brama.
El otoño
llama con los nudillos
y con su
paleta de colores ocres.
¡Saudade!
Paso sobre
los mismos excrementos,
ahora los
exploro con el bastón.
Riomolín
está cerca
ya no siento
amenaza.
¡Embeleso!
-”¡Rosa,
Rosa, un oso!”
Acelero el
paso. Me alejo.
- “Ven,
haz una foto, allí, acércate”
Quiero verlo
y registrarlo; y también huir.
¡Dilema!
Un osezno,
no muy osezno ya,
en la copa
de un árbol nos divisa y se asusta
y sube y se
esconde entre el ramaje.
¿y mamá
osa?
¡Vámonos!





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