Te sabías
la preferida
tu blanco y
negro molaba.
Dabas la
sombra ideal;
por eso te
añoraba en verano
cuando tu
excesiva calidez me impedía gozarte.
Compañera
ante tantas ventiscas, heladas
y demás
paseos y marchas no estivales.
Lo mismo me
protegías del viento que del sol o del frío,
caminando
que esquiando o contemplando.
Ni tú ni yo
sabíamos nada de Cerler
pero el
destino nos puso allí
en una
ventana de sol y luz en medio del temporal;
todo listo
para solazarse sin más.
Resplandecías
cumbreando el gallinero.
Qué
silencioso atractivo el de aquella bajada,
tanto, que
decidiste que allí estaba tu nueva morada
justo en el
“chusssss”de las codornices.
Yo seguí,
el fuera de pista me estaba esperando,
otra
sorpresa del destino, que nunca desatina.
Entre el
pelo sin tu control y “los sembraos”
conseguí
triunfar de nuevo, gracias al “tío Luis”
Sólo me
queda agradecerte todos los momentos
que me
acompañaste con tu blanco y negro;
asociada
estabas a momentos de expansión.
Tu blanco y
negro combina bien con aquel paraje.

Me ha gustado tu poética descripción de una "amiga" hasta ese momento inseparable. El destino, muchas veces, es caprichoso pero seguramente tendrá un sentido que tu gran compañera allí se quedara.
ResponderEliminarSeguramente! Gracias Manolo :))
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